DESPIERTA: ES HORA DE VIVIR COMO HIJOS DE LUZ
INTRODUCCIÓN:
Por: Hno. Angel L Colon
Romanos 13:11–14
La Escritura presenta la vida cristiana como un llamado decisivo a vivir en la luz del Señor en medio de un mundo marcado por las tinieblas. La conversión no es simplemente un ajuste moral ni una experiencia emocional, sino una obra soberana de Dios por la cual somos trasladados de un reino a otro.
El apóstol Pablo declara que Dios “nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de Su Hijo amado” (Colosenses 1:13, NBLA).
Esta nueva realidad define nuestra identidad, nuestra esperanza y la manera en que vivimos cada día. Seguir a Cristo implica caminar en Su luz, pues Él mismo afirmó: “Yo soy la Luz del mundo; el que Me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida” (Juan 8:12, NBLA).
Sin embargo, vivir en la luz no es una condición automática ni pasiva. La Palabra de Dios nos llama a una respuesta consciente y constante.
📜 John Owen escribio:
“La comunión con Dios consiste en caminar delante de Él con un corazón abierto a Su luz, aborreciendo toda obra de oscuridad.”
— Of Communion with God
👉 Owen conecta la luz con la comunión con Dios, la mortificación del pecado y la vigilancia espiritual. Donde hay luz divina, no hay tregua con el pecado.
La exhortación del apóstol Pablo a la iglesia es muy similar: “Porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de la luz” (Efesios 5:8, NBLA).
Esta exhortación a vivir en la Luz revela la tensión en la que vive el creyente:
“Redimido en Cristo, pero aún peregrino en un mundo caído; justificado por la fe, pero llamado a una vida de santidad visible”.
Con esta urgencia espiritual y escatológica, Romanos 13:11–14 nos confronta con un llamado claro: a despertar del letargo espiritual, a discernir el tiempo en el que vivimos y a vestirnos del Señor Jesucristo mientras aguardamos la plenitud del día que se acerca.
Reflexión Pastoral
🖋️Pastor Pedro Pérez
Iglesia Bautista Reformada de Murcia
ROMANOS 13:11–14
“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente… antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.”
Después de hablarnos, en los versos anteriores, de autoridad y amor, Pablo ahora nos sacude con una llamada urgente: DESPIERTA.
No es un llamado a los incrédulos; es un llamado a los creyentes.
El peligro no es negar la fe, sino dormirse espiritualmente.
Pablo apela al tiempo: “conociendo el tiempo…”
El creyente vive con conciencia histórica y escatológica. Sabemos dónde estamos en el plan de Dios.
La salvación ya es nuestra en Cristo y su consumación se acerca. Por eso Pablo dice algo sorprendente:
“ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación…”
No porque no estuviéramos salvos, sino porque el día final se aproxima.
Vivimos entre el ya y el todavía no.
Luego Pablo usa un contraste poderoso: NOCHE y DÍA.
La noche representa la vieja vida, las obras ocultas, la carne que gobierna… El día representa la nueva realidad en Cristo: luz, claridad y santidad visible.
Y aquí Pablo no se anda con rodeos: “Desechemos… vistámonos…”
La santificación tiene un aspecto activo. No nos santificamos a nosotros mismos, pero sí participamos conscientemente en el proceso.
Desechar el pecado no es legalismo, sino coherencia con la nueva identidad.
Y el clímax llega con una de las expresiones más ricas del Nuevo Testamento: “vestíos del Señor Jesucristo”.
No se trata solo de imitar a Cristo, sino de vivir desde nuestra unión con Él. Cristo es nuestra justicia, nuestra cobertura, nuestra identidad.
Por eso Pablo termina con una advertencia muy concreta: “no proveáis para los deseos de la carne”.
La carne no se reforma. Se crucifica.
La gracia no negocia con el pecado, lo vence.
Este texto nos recuerda que la vida cristiana no admite la neutralidad ni la demora.
Dormir espiritualmente es vivir como si el día no llegara. Pero el día viene. Y Cristo reina.
“La santidad no es esperar pasivamente el día del Señor, sino vivir hoy a la luz de su llegada.”
–Pedro Pérez
Este pasaje y reflexión nos lleva a preguntarnos:
¿Hay áreas de mi vida en las que me he acomodado espiritualmente?
¿Vivo con conciencia del tiempo y del Reino que viene?
¿Estoy vistiéndome de Cristo o sigo proveyendo para la carne?
Señor mío y Dios mío, despiértanos del letargo espiritual. Danos ojos para discernir el tiempo y corazones dispuestos a vivir en la luz. Ayúdanos a desechar las obras de las tinieblas y a vestirnos de Ti cada día, hasta que llegue el día perfecto. En tu nombre, Jesús, oramos. Amén.
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📝A.L.C. ✍🏽
Firmes en Cristo
Soli Deo Gloria