Hombre o Bestia- El Hombre a Imagen de Dios
Imago Dei- Cuando el Modelo se Quiebra, la Bestia se Levanta
Introducción por:
Hno. Angel L Colon
La crisis contemporánea sobre la identidad humana no es primariamente cultural; es teológica.
Cuando la doctrina del hombre se debilita, la cultura inevitablemente se descompone. Y cuando la antropología bíblica es reemplazada por la percepción subjetiva, el resultado no es progreso, sino degradación.
Por eso debemos comenzar donde comienza la Escritura.
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza.”
— Génesis 1:26La identidad humana no nace en la experiencia interna, ni en la autopercepción, ni en el consenso social. Nace en el decreto soberano de Dios.
El hombre es criatura.
El hombre es imagen.
El hombre es responsable.
El hombre existe para la gloria de Dios.
Romanos 11:36 declara:
“Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas.”
Esto incluye al ser humano.
Desde la teología reformada afirmamos que la Imago Dei establece:
• La dignidad trascendente del hombre.
• Su capacidad moral.
• Su responsabilidad representativa.
• Su llamado a reflejar la gloria divina.
Pero también afirmamos algo igual de claro: esa imagen quedó profundamente afectada por la caída.
La caída y la corrupción del entendimiento
Romanos 1 no describe meramente conductas inmorales; describe un intercambio ontológico (del ser):
“Cambiaron la verdad de Dios por la mentira.” (Rom. 1:25)
La depravación total no significa que el hombre sea tan malo como podría ser, sino que todas las facultades humanas fueron afectadas por el pecado: la mente, la voluntad y los afectos.
Juan Calvino escribió:
“La mente del hombre, por muy penetrante que sea, está tan cegada por el pecado que no puede ver la verdad sin la iluminación del Espíritu.”
— Institución de la Religión CristianaEl problema central no es simplemente la inmoralidad externa, sino la oscuridad interior.
Efesios 4:18 lo confirma:
“Teniendo el entendimiento entenebrecido…”
Cuando la mente se oscurece, la identidad se distorsiona. Y cuando la gloria del Creador se desplaza, la criatura comienza a redefinirse.
La rebelión siempre degrada
Salmos 8:5 declara que el hombre fue coronado de honra y gloria. Sin embargo, separado de Dios, el hombre no asciende — desciende.
Juan Calvino también advirtió:
“El corazón humano es una fábrica perpetua de ídolos.”
Cuando el hombre deja de adorar a Dios, no deja de adorar; simplemente cambia el objeto. Y cuando la criatura se convierte en el centro, la degradación es inevitable.
Herman Bavinck afirmó:
“El hombre que abandona a Dios pierde también el verdadero conocimiento de sí mismo.”
La pérdida de la doctrina correcta de Dios produce la pérdida de la doctrina correcta del hombre.
Mortificación y santidad: la respuesta bíblica
La solución bíblica no es una afirmación cultural. No es acomodación eclesiástica. No es redefinición identitaria.
Es mortificación del pecado y renovación de la imagen.
John Owen escribió con claridad contundente:
“Sed matando el pecado o el pecado os estará matando a vosotros.”
— La mortificación del pecado
La Escritura no llama a validar la corrupción; llama a crucificarla.
Romanos 8:13:
“Si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán.”
La restauración de la imagen no ocurre mediante la autoexploración psicológica, sino mediante la unión con Cristo.
Colosenses 3:10 declara:
“El nuevo hombre… conforme a la imagen del que lo creó se va renovando.”
Cristo no vino a celebrar la distorsión; vino a restaurar la creación.
Él es:
“La imagen del Dios invisible.” (Col. 1:15)
Donde Adán falló, Cristo obedeció. Donde la imagen fue dañada, Cristo la renueva.
Santidad como restauración de humanidad
La santidad no es represión de la identidad; es recuperación de la identidad.
Thomas Watson escribió:
“La santidad es la belleza del alma.”
La verdadera humanidad no se encuentra en la autonomía, sino en la conformidad con Cristo.
Romanos 8:29 nos recuerda el propósito eterno:
“Para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo.”
La meta de la redención no es la comodidad emocional. Es la restauración de la imagen divina. Es santidad.
Claridad sin Concesiones
Como pueblo de Dios, afirmamos que:
• La identidad humana está definida por la creación, no por la percepción.
• La depravación afecta el entendimiento.
• El pecado desordena la mente antes de desordenar la conducta.
• La restauración solo ocurre en Cristo.
• La iglesia no puede suavizar la verdad para agradar a la cultura.
La respuesta bíblica no es terapia identitaria. Es regeneración soberana.
No es redefinir al hombre. Es reconciliarlo con Dios.
No es afirmar su confusión. Es proclamar el evangelio.
Porque cuando el hombre pierde la gloria del Creador, pierde su propia dignidad. Y cuando Cristo es proclamado fielmente, la imagen comienza a ser restaurada.
Pensamiento Pastoral por:
Pastor Pedro Pérez
Iglesia Bautista Reformada de Murcia
NO FUISTE CREADO PARA SER BESTIA
Estamos viviendo una generación que ya no solo cuestiona su identidad sexual… sino también su identidad ontológica (su ser). Algunos jóvenes afirman ser animales. Se identifican como lobos, gatos, zorros. Pero eso no es un disfraz: es identidad.
La Escritura es clara:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.”
— Génesis 1:26
El ser humano no es un animal avanzado ni una bestia. No es un accidente evolutivo. No es materia complicada ni confusa.
El ser humano es IMAGEN DE DIOS (Imago Dei).
Pero, cuando el hombre rechaza esa verdad, la Escritura en Romanos 1 describe exactamente lo que ocurre:
“Profesando ser sabios, se hicieron necios.”
— Romanos 1:22
El problema no es psicológico: es teológico. El problema en sí es la falta de identidad, pero de la identidad a la imagen de Dios.
Cuando se pierde la gloria del Creador, se pierde la dignidad de la criatura.
El hombre fue coronado con honra (Salmo 8:5), pero sin Dios termina deseando descender al polvo.
La rebelión siempre degrada. No es progreso: es caída.
Desde la cosmovisión reformada entendemos:
• La identidad humana está definida por la creación, no por la percepción.
• La depravación total afecta la mente (Efesios 4:18).
• El pecado desordena el entendimiento.
• El hombre natural intercambia la verdad por la mentira (Romanos 1:25).
No estamos viendo una “nueva identidad”. Estamos viendo los efectos visibles de una humanidad que ha expulsado a Dios del centro.
Cuando el hombre deja de adorar al Creador, termina adorando la criatura… incluso imaginándose como una.
“Sin Dios, el hombre no evoluciona… se deshumaniza.” – Pedro Pérez
Cristo no vino a convertirnos en algo distinto. Vino a restaurar lo que el pecado deformó.
“Y os habéis revestido del nuevo hombre, el cual, conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando.”
— Colosenses 3:10
La solución no es terapia identitaria:
ES REGENERACIÓN. No es redefinir quién eres: ES NACER DE NUEVO.