Su Misericordia nos Conmueve
Introducción
Por: A.L. Colón López
Desde el principio, la raza humana fue creada por Dios para vivir bajo Su Soberano gobierno y en constante dependencia y relación con Él.
“El hombre no fue puesto en el Huerto del Edén para la pasividad o la autosuficiencia, sino para ejercer una mayordomía santa: multiplicarse, cuidar la creación y trabajar la tierra conforme al propósito divino.”
Toda labor, todo ajuste, su adaptación al entorno y toda responsabilidad estaban impregnados de gozo, pues el hombre vivía coram Deo, delante del rostro de Dios, en perfecta comunión con su Creador.
“La obediencia no era una carga, sino una expresión natural de una relación viva y sin estorbo con Dios. Cada mandato divino era bueno, justo y lleno de bendición, porque fluía de la voluntad perfecta de Aquel que creó al hombre a Su imagen y semejanza (Gn. 1:27–29).”
Sin embargo, con la caída provocada por la desobediencia, el pecado irrumpió en la creación y trastocó por completo el orden establecido por Dios. La comunión fue quebrantada, la armonía se perdió y el hombre quedó espiritualmente muerto, separado de Dios y esclavizado por su propia corrupción. Desde entonces, los cambios, ajustes y adaptaciones dejaron de ser vividos en gozo y pasaron a ser experimentados bajo el peso de la culpa, la frustración y la rebelión contra su Creador.
“El hombre ya no camina naturalmente conforme a la voluntad de Dios, sino guiado por su corazón engañoso. La creación misma gime, y la vida se convierte en una lucha constante marcada por el pecado, el sufrimiento y la incapacidad humana de reconciliarse por sus propios méritos con Dios.”
Pero la historia no concluye en la caída. En Su infinita Gracia y Misericordia Soberana, Dios proveyó un camino de restauración que no nace del esfuerzo humano, sino de Su iniciativa redentora. En la plenitud del tiempo, Él abrió una puerta de reconciliación por medio de Jesucristo, el segundo Adán, quien vivió la obediencia perfecta que el primer Adán quebrantó y cargó en la cruz con la culpa del pecado de Su pueblo.
“En Cristo, el creyente es nuevamente traído a la presencia de Dios. Aunque aún vivimos en un mundo caído, cada cambio, cada ajuste y cada adaptación es ahora redimido y transformado por la gracia. Ya no caminamos solos ni guiados por nuestra carne, sino sostenidos por el poder del Espíritu Santo.”
Aún en medio de las tinieblas, el pecado y el dolor, podemos vivir con gozo verdadero, porque nuestra esperanza no descansa en las circunstancias, sino en la obra consumada de Cristo y en la certeza de que todo obra para la gloria de Dios y el bien de aquellos que han sido llamados conforme a Su propósito.
Pensamiento pastoral
Por: Pastor Pedro Pérez
Iglesia Bautista Reformada de Murcia
-Después de contemplar la Misericordia Soberana de nuestro Dios, ya no hay excusas para permanecer iguales, sometidos a la esclavitud del pecado y viviendo una vida en tinieblas.
“La Gracia que asombra exige respuesta. La Misericordia que salva transforma la vida.”
Es por esa Gracia y por Su Misericordia que, NINGUN verdadero creyente puede continuar su vida como si nada hubiese pasado. Ahora en Cristo hemos nacido de nuevo, y esto nos impulsa, nos anima, nos conmueve a vivir una vida transformando y renovando nuestras mentes a la estatura de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 12 nos da la respuesta a esa nueva vida en Cristo. Aquí, el Apóstol Pablo va de la doctrina a la entrega, del asombro a la obediencia, de la misericordia recibida… a una vida ofrecida a Dios.
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POR LAS MISERICORDIAS DE DIOS
ROMANOS 12:1–2
Actitud consecuente del creyente
“Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.”
Pablo no comienza Romanos 12 con una orden desnuda. Comienza con un “Por Tanto” que pesa once capítulos. Todo lo que sigue descansa sobre lo que Dios ya ha hecho.
Elección soberana
Justificación por la fe
Unión con Cristo
Adopción, perseverancia y misericordia para todos.
Ahora, a la luz de todo eso, Pablo ruega. No impone. No amenaza. Suplica por “las misericordias de Dios”
“La obediencia cristiana no nace del miedo, nace de la gratitud rendida.”
La respuesta que Dios pide no es parcial, no es a medias, no es titubeada… es COMPLETA:
“presentéis vuestros cuerpos”- Entrega TOTAL, ABNEGADA, OBEDIENTE
No un momento del día. No una emoción del domingo. No una parte de la vida.
LA VIDA ENTERA.
Un sacrificio vivo. No muerto como los del antiguo pacto, sino vivo, consciente, continuo. ESTO ES ADORACION. No música solamente, NO canciones con corazones vacíos. No liturgia aislada. Sino una existencia, una vida ofrecida a Dios.
Pero eso no queda ahi… ahora Pablo va al corazón del asunto: LA MENTE.
“El mundo presiona, moldea y normaliza. El mundo exige, demanda y te somete… Pero el creyente no es llamado a encajar, sino a ser transformado.”
A tono con el Apóstol Pablo, el Apóstol Juan hace una amonestación que es cortante y ofensiva al pecador que es seducido por el mundo… pero para el creyente que transforma su mente por el poder de la Palabra de Dios y la guía del Espiritu Santo, es un bálsamo de gozo y paz.
1 Juan 2:15-16 NBLA
“No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
La renovación del entendimiento no es auto ayuda, es obra del Espíritu por medio de la Palabra. Y el resultado no es confusión, sino discernimiento:
“para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios”
No una voluntad opresiva. No una voluntad caprichosa. Una buena, agradable y perfecta.
Este texto nos recuerda algo esencial: la Gracia que no transforma la vida, no ha sido comprendida.
La teología reformada no termina en afirmaciones correctas, termina en vidas consagradas.
“La verdadera adoración no se canta: se vive cada día delante de Dios.” –Pedro Pérez
Entonces, nos debemos preguntar:
¿Estoy ofreciendo mi vida a Dios como respuesta a Su misericordia o intento ganarme Su favor?
¿En qué áreas sigo conformándome a este siglo en lugar de ser transformado?
¿Permito que la Palabra renueve mi manera de pensar cada día?
Oración Pastoral:
Dios misericordioso, a la luz de todo lo que has hecho por nosotros en Cristo, hoy nos rendimos. Recibe nuestra vida como sacrificio vivo, santo y agradable a Ti. Renueva nuestra mente por Tu Palabra y guíanos a vivir conforme a Tu voluntad buena, agradable y perfecta. Todo lo entregamos a Ti, por las misericordias de Dios. En el nombre de Jesucristo, Amén.