Cristo Proclamado: Arrepentimiento y Vida en el Nombre que Sana

Exposición de Hechos 3:11–26 (NBLA)

Introducción

El relato de Hechos 3:11–26 nos presenta la segunda predicación pública del apóstol Pedro ante el pueblo judío. Si en Hechos 2 el Espíritu Santo inaugura la proclamación apostólica con poder, aquí vemos cómo ese mismo Espíritu dirige la mirada del pueblo no al milagro en sí, sino al Cristo prometido.

El hombre cojo ha sido sanado. La multitud está asombrada. Pero Pedro no permite que el asombro se convierta en idolatría ni que el milagro eclipse el mensaje. Con firmeza pastoral y precisión doctrinal, desvía la atención del hombre sanado hacia el Mesías crucificado y resucitado.

Esta porción no es simplemente histórica. Es profundamente teológica. Es cristocéntrica. Es un llamado urgente al arrepentimiento. Y es, para la iglesia de hoy, una brújula que orienta nuestra predicación hacia la centralidad absoluta de Cristo.

1. El Milagro No Es el Centro: Cristo Lo Es (Hechos 3:11–12)

La escena comienza con la multitud corriendo hacia Pedro y Juan, maravillada por lo ocurrido.

“Al ver esto Pedro, respondió al pueblo: ‘Varones israelitas, ¿por qué se maravillan de esto, o por qué nos miran así, como si por nuestro propio poder o piedad lo hubiéramos hecho andar?’” (Hechos 3:12, NBLA)

Pedro rechaza cualquier insinuación de poder humano. La gloria no pertenece al instrumento, sino al Señor.

Principio doctrinal:

  • El milagro es señal; Cristo es el cumplimiento.

  • El poder no reside en el hombre, sino en el Nombre.

  • La predicación apostólica es teocéntrica y cristocéntrica.

Juan Calvino comenta sobre este pasaje:

“Pedro no busca para sí ni la más mínima parte de la gloria, sino que dirige todas las miradas hacia Cristo, porque los milagros no fueron dados para engrandecer a los hombres, sino para confirmar la doctrina del Evangelio.”
Comentario sobre Hechos

La iglesia contemporánea necesita oír esto con claridad. La predicación fiel no magnifica al predicador; magnifica al Cristo crucificado.

Cuando el ministerio se convierte en una plataforma personal, se traiciona el propósito apostólico.

2. El Cristo que Ustedes Crucificaron (Hechos 3:13–15)

Pedro no suaviza el mensaje. No adapta la verdad para agradar a la audiencia. Con valentía pastoral declara:

“El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a Su Siervo Jesús, a quien ustedes entregaron y repudiaron en presencia de Pilato… Pero ustedes repudiaron al Santo y Justo… y dieron muerte al Autor de la vida, al que Dios resucitó de entre los muertos” (Hechos 3:13–15, NBLA)

Observemos la densidad teológica:

  • Jesús es el Siervo prometido (eco de Isaías 52–53).

  • Es el Santo y Justo.

  • Es el Autor de la vida.

  • Fue crucificado.

  • Fue resucitado por Dios.

Pedro no presenta un Cristo genérico. Presenta al Cristo de las Escrituras.

Doctrina Reformada en este pasaje:

  • La depravación humana: “ustedes entregaron… repudiaron… dieron muerte”.

  • La soberanía de Dios: “Dios lo resucitó”.

  • La cristología bíblica: Jesús es el cumplimiento del pacto.

Martín Lutero escribió:

“El mayor pecado no es haber clavado a Cristo en la cruz con las manos, sino rechazar al Hijo de Dios cuando es predicado.”

El mensaje de Pedro revela algo crucial: el problema no fue meramente político o judicial, sino espiritual. El pueblo rechazó al Mesías prometido.

Y aquí debemos aplicar con sobriedad:

  • No basta admirar a Jesús.

  • No basta respetar su moral.

  • No basta reconocer su historicidad.

El pecado supremo es rechazarlo como Señor.

3. Fe en Su Nombre: Más Que Sanidad Física (Hechos 3:16)

Pedro aclara el origen del milagro:

“Por la fe en Su nombre, es el nombre de Jesús el que ha fortalecido a este hombre… la fe que viene por medio de Él le ha dado esta perfecta sanidad en presencia de todos ustedes” (Hechos 3:16, NBLA)

Aquí encontramos una verdad profunda:

  • No fue magia.

  • No fue sugestión.

  • No fue poder apostólico autónomo.

  • Fue el Nombre de Jesús.

Pero el milagro físico apunta a una realidad mayor.

El hombre cojo representa la condición espiritual del hombre caído:

  • Incapaz de caminar.

  • Dependiente.

  • Marginado.

  • Sin esperanza.

La sanidad visible es símbolo de una necesidad invisible: la infección del pecado.

Aplicación doctrinal:

  • El pecado no es superficial; es incapacidad espiritual.

  • La regeneración no es una mejora moral; es una intervención divina.

  • La fe es un instrumento, no un mérito.

La Confesión de Fe de Westminster (XIV.2) afirma:

“Por esta fe, el cristiano cree que es verdad todo lo revelado en la Palabra, y actúa conforme a lo que cada pasaje requiere.”

La fe no es energía interna; es confianza en la Persona y en la obra de Cristo.

4. Ignorancia No Elimina Culpa (Hechos 3:17–18)

Pedro añade:

“Ahora bien, hermanos, yo sé que obraron por ignorancia, lo mismo que sus gobernantes” (v.17)

Pero inmediatamente declara:

“Pero las cosas que Dios anunció de antemano por boca de todos los profetas, que Su Cristo debía padecer, Él las ha cumplido así” (v.18)

Aquí vemos dos verdades coexistiendo:

  • Responsabilidad humana.

  • Soberanía divina.

La ignorancia no elimina la culpa. Sin embargo, la cruz no fue accidente; fue cumplimiento profético.

Calvino escribió:

“La muerte de Cristo fue al mismo tiempo el crimen más atroz cometido por los hombres y el decreto más glorioso ejecutado por Dios.

Esta tensión —culpa humana y propósito eterno— es esencial en la teología reformada.

5. El Llamado Central: Arrepentimiento y Conversión (Hechos 3:19)

Llegamos al corazón del sermón:

“Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor” (Hechos 3:19, NBLA)

Este es el clímax de la narrativa.

Pedro no termina con información; termina con exhortación.

Elementos del llamado:

  • Arrepiéntanse (metanoia): cambio de mente.

  • Conviértanse: giro de dirección.

  • Resultado: pecados borrados.

  • Promesa: refrigerio en la presencia del Señor.

No hay evangelio sin arrepentimiento. No hay gracia sin conversión.

Charles Spurgeon afirmó:

“El arrepentimiento y la fe son los dos lados de la misma moneda. No puede haber uno sin el otro.”

La iglesia contemporánea enfrenta una tentación constante: predicar beneficios sin confrontar el pecado. Pero Pedro no diluye el mensaje.

Aplicación para hoy:

  • El arrepentimiento no es opcional.

  • La conversión no es emocionalismo.

  • El perdón no es automático.

  • La gracia no es barata.

6. Cristo: El Profeta Prometido (Hechos 3:22–23)

Pedro cita a Moisés:

“El Señor Dios les levantará un profeta como yo de entre sus hermanos; a Él prestarán atención en todo cuanto les diga” (v.22, NBLA)

Jesús no es una alternativa religiosa. Es el cumplimiento de Deuteronomio 18.

Rechazar a Cristo es rechazar la revelación final de Dios.

Hebreos 1:1–2 confirma:

“Dios… en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo.”

Cristo es:

  • El Profeta definitivo.

  • El cumplimiento del pacto.

  • La revelación plena.

7. La Bendición Suprema: Perdón y Vida (Hechos 3:25–26)

Pedro concluye recordando la promesa hecha a Abraham:

“En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra” (v.25)

¿En qué consiste esa bendición?

“Para bendecirlos, a fin de apartar a cada uno de ustedes de sus iniquidades” (v.26, NBLA)

La bendición no es prosperidad material. No es éxito político. No es comodidad terrenal. Es ser apartados del pecado.

Aquí está la esencia reformada:

  • La gracia no solo perdona.

  • La gracia transforma.

  • La gracia santifica.

Aplicaciones para la Iglesia Hoy

1. La Predicación Debe Ser Cristocéntrica

  • No centrada en experiencias.

  • No centrada en milagros.

  • No centrada en el hombre.

  • Centrada en Cristo crucificado y resucitado.

2. El Milagro Mayor Es la Salvación

  • Sanidad física es temporal.

  • Perdón de pecados es eterno.

  • La iglesia debe celebrar conversiones más que eventos.

3. El Arrepentimiento Sigue Siendo Necesario

  • No se negocia.

  • No se redefine.

  • No se omite.

4. La Iglesia Debe Recordar el Pacto

Dios es inmutable.
Sus promesas se cumplen.
Cristo es el centro de toda la Escritura.

Conclusión

Hechos 3:11–26 nos confronta con una pregunta inevitable: ¿Qué hacemos con Cristo?

El pueblo vio un milagro. Pero Pedro los llevó a la cruz.

El hombre cojo fue sanado. Pero la multitud necesitaba perdón.

Hoy ocurre lo mismo:

  • Podemos admirar la obra externa.

  • Podemos emocionarnos con testimonios.

  • Podemos hablar de bendiciones.

Pero si no hay arrepentimiento, si no hay conversión, si no hay fe en el Nombre, no hay vida eterna.

La mayor bendición prometida en Cristo es esta:

  • Pecados borrados.

  • Corazón transformado.

  • Vida eterna asegurada.

  • Comunión restaurada con Dios.

Que la iglesia de hoy proclame con la misma claridad apostólica:

“No hay salvación en ningún otro; porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos.” (Hechos 4:12, NBLA)

Que nuestra predicación sea sobria. Que nuestra teología sea fiel. Que nuestro mensaje sea Cristo.

Y que, como Pedro, llevemos siempre la mirada del pueblo del milagro…
El Salvador.

A.L.C.

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