¿Qué Haremos? La Respuesta Bíblica al Evangelio Predicado
Hechos 2:37–42
37 Al oír esto, conmovidos profundamente, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: «Hermanos, ¿qué haremos?». 38 Entonces Pedro les dijo: «Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. 39 Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame». 40 Y Pedro, con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: «Sean salvos de esta perversa generación». 41 Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como 3,000 almas. 42 Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración.
Introducción:
Hechos 2 marca un momento decisivo en la historia redentora.
No solo por el derramamiento del Espíritu Santo, sino también por el efecto inmediato de la Palabra predicada.
El primer sermón apostólico, predicado por Pedro, centrado en Cristo crucificado, resucitado y exaltado (Hch. 2:14-36), confronta al oyente con una realidad ineludible: el Evangelio demanda una respuesta.
Este pasaje no describe una reacción emocional pasajera; unos aplausos forzados o unas lágrimas pasajeras.
Presenta un patrón normativo de cómo Dios obra salvación mediante la proclamación fiel de Su verdad: Su Palabra.
No hablamos de cánticos ni de alabanzas.
No hablamos de luces ni de escenografía.
No hablamos de ministerios, actividades ni técnicas.
No hablamos de talentos o “Ted Talks”
No hablamos de charlas motivacionales.
Aquí vemos convicción, arrepentimiento, conversión y una vida transformada que se expresa en comunión y perseverancia. ¿Y por qué sucedió esto? Por causa de la predicación centrada en el Evangelio de Jesucristo.
Señalamiento del pecado
Arrepentimiento del pecado y fe en Cristo
Conviccion y conversion
Santificación progresiva y vida en comunidad
Reflexión Biblica:
La pregunta que confronta el corazón
La predicación de Pedro no fue meramente informativa, sino también confrontacional.
El texto dice que los oyentes fueron “compungidos de corazón” (Hch. 2:37).
La Palabra, aplicada por el Espíritu Santo, produjo una convicción real del pecado.
El Evangelio siempre exige una respuesta; nunca deja al oyente neutral.
La cruz expone nuestra culpa (Hch. 2:23).
La resurrección confirma la victoria de Cristo (Hch. 2:24, 32).
La exaltación de Cristo afirma Su señorío absoluto (Hch. 2:33–36).
“Cuando Dios hiere el corazón, no lo hace para destruirlo, sino para prepararlo para la sanidad.” — Juan Calvino
El llamado apostólico: arrepentimiento y fe obediente
La respuesta de Pedro es clara y no negociable: “Arrepentíos” (Hch. 2:38).
El arrepentimiento bíblico no es solo remordimiento emocional.
Es un giro radical del corazón, de la mente y de la dirección de la vida.
Morir al viejo hombre (Rom. 6:6).
Someterse al señorío de Cristo (Rom. 10:9).
Caminar en novedad de vida (Rom. 6:4).
“El arrepentimiento no es una obra que precede a la fe, sino un don que fluye de ella.” — John Murray
La respuesta del pueblo: conversión visible y comunidad santa
La fe genuina siempre produce fruto visible (Gal. 5:22-25)
Unos tres mil fueron añadidos al cuerpo visible de la iglesia (Hch. 2:41).
La conversión no los aisló; los incorporó al pueblo de Dios.
Perseveraban en la enseñanza apostólica.
Vivían en comunión real y sacrificial.
Participaban de los medios de gracia (Hch. 2:42).
“No puede tener a Dios por Padre quien rehúsa tener a la Iglesia por madre.” — Juan Calvino
El patrón normativo de una iglesia fiel
Hechos 2 no describe una experiencia extraordinaria irrepetible… como si nunca más pudiese suceder.
Todo lo contrario, presenta un modelo continuo de vida cristiana saludable.
Doctrina, comunión, sacramentos y oración no son opcionales… es mandatario.
La sana doctrina forma el entendimiento (2 Tim. 3:16).
La comunión afirma la fe en comunidad (Heb. 10:24–25).
La santificación confirma la obra del Espíritu (1 Pe. 1:15–16).
“La gracia que salva es también la gracia que santifica.” — R.C. Sproul
Conclusión:
La respuesta que el Evangelio sigue exigiendo HOY
La pregunta del pueblo —“¿Qué haremos?”— no pertenece solo al primer siglo.
Es la misma pregunta que confronta a todo oyente expuesto hoy al Evangelio.
Nadie puede permanecer indiferente ante Cristo proclamado como Señor y Mesías.
El arrepentimiento bíblico sigue siendo el umbral de entrada a la vida cristiana. No es una experiencia momentánea movida por emociones, sino una postura constante del creyente ante Dios.
Morir al viejo hombre y caminar en obediencia no es legalismo.
Es el fruto inevitable de una fe viva y regeneradora (Gál. 2:20).
La respuesta correcta al Evangelio también nos conduce a la iglesia visible.
La fe auténtica NO se vive en aislamiento espiritual (He. 10:23-25)
Dios salva a un pueblo y lo forma mediante medios ordinarios de gracia:
La Palabra
La comunión
Los sacramentos
… y la oración (Hch. 2:42).
“Cristo no puede ser dividido; no podemos tener parte de Él sin estar unidos a Su cuerpo.” — Juan Calvino
Para la iglesia de hoy, este pasaje nos llama a examinarnos con sobriedad:
¿Predicamos un Evangelio que confronta el pecado y exalta a Cristo?
¿Llamamos al arrepentimiento genuino o solo a decisiones superficiales?
¿Vivimos una fe visible, perseverante y centrada en la doctrina apostólica?“La fe que justifica es siempre una fe que obra.” — John Murray
Hechos 2 nos recuerda que el verdadero crecimiento de la iglesia y de cada miembro en particular no se mide por métodos innovadores ni por técnicas ministeriales… aquí no cabe el protagonismo ni el pragmatismo.
Se evidencia por corazones regenerados, justificados y transformados.
Por una vida rendida a Cristo en obediencia y fe.
Por una comunidad que persevera fielmente hasta el fin; en amor, exhortación, enseñanza y práctica ferviente.
“No somos salvos por la santidad, pero no somos salvos sin ella.” — R.C. Sproul
Que nuestra respuesta al Evangelio sea la misma hoy como lo fue en el primer siglo:
Arrepentimiento, fe obediente y una vida dedicada a la gloria de Dios.
A.L.C.
Firmes en Cristo
Soli Deo Gloria