La Semilla de Sangre y el Evangelio Sin Fronteras: De Jerusalén a Samaria
Hechos 7:54–8:8 muestra cómo la persecución contra la iglesia primitiva se convirtió en el medio soberano de Dios para expandir el Evangelio fuera de Jerusalén. La muerte de Esteban, la dispersión de los creyentes y la predicación en Samaria revelan que la Palabra de Dios no puede ser detenida y que Cristo sigue edificando Su Reino con poder y gozo.
El Rostro de la Resistencia: La Palabra que Nadie Puede Callar
Hechos 6:8–15 revela que la verdad del Evangelio no puede ser silenciada. Esteban, lleno del Espíritu, enfrenta la oposición, calumnia y persecución con sabiduría y gracia. Un llamado a la iglesia a permanecer firme, predicar con valentía y reflejar a Cristo en medio de un mundo que resiste la verdad.
El Evangelio No Puede Ser Contenido
El Evangelio No Puede ser Contenido
Hechos 5:17–42 muestra cómo la persecución no pudo detener la predicación del Evangelio. Los apóstoles, liberados milagrosamente, continúan proclamando a Cristo con valentía, afirmando que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Un llamado bíblico a la fidelidad, la valentía y la confianza en el avance imparable del Reino de Dios.
Poder Visible, Santidad Presente
Hechos 5:12–16 muestra el poder visible del Espíritu Santo obrando a través de los apóstoles, confirmando el Evangelio con señales y prodigios. Después de la purificación de la iglesia, Dios añade más creyentes y fortalece la unidad. Un llamado bíblico y cristocéntrico a vivir en santidad, depender del Espíritu y confiar en la soberanía divina para el crecimiento de la iglesia.
Una Iglesia Unida, una Iglesia que Glorifica a Dios
Hechos 2:43–47 nos muestra cómo el Espíritu Santo formó una iglesia unida, perseverante en la doctrina, la comunión y la adoración. Una reflexión bíblica y reformada sobre la unidad de la iglesia después de Pentecostés y cómo una iglesia centrada en Cristo glorifica a Dios mientras Él añade a los que han de ser salvos.
¿Qué Haremos? La Respuesta Bíblica al Evangelio Predicado
Hechos 2:37–42 nos muestra la respuesta bíblica al Evangelio predicado: corazones compungidos, un llamado al arrepentimiento y una vida transformada en obediencia. El verdadero fruto del Evangelio se evidencia en doctrina apostólica, comunión, perseverancia y una iglesia sometida a la Palabra de Dios.