Poder Visible, Santidad Presente
Hechos 5:12–16 muestra el poder visible del Espíritu Santo obrando a través de los apóstoles, confirmando el Evangelio con señales y prodigios. Después de la purificación de la iglesia, Dios añade más creyentes y fortalece la unidad. Un llamado bíblico y cristocéntrico a vivir en santidad, depender del Espíritu y confiar en la soberanía divina para el crecimiento de la iglesia.
Cuando la Hipocresía Entra en la Iglesia
Hechos 5:1–11 revela la santidad de Dios y el peligro de la hipocresía en la iglesia. El caso de Ananías y Safira nos llama a examinar el corazón, vivir con temor reverente y servir con integridad. Un mensaje bíblico y cristocéntrico sobre la pureza del cuerpo de Cristo, la soberanía divina y la necesidad de una fe genuina.
Un Pueblo Unido Bajo la Gracia de Dios
Hechos 4:32–37 revela el fruto de la gracia soberana: una iglesia unida en un solo corazón y una sola alma, donde nadie pasa necesidad y Cristo es proclamado con poder. Cuando el Evangelio transforma, la unidad florece y la generosidad refleja la obra del Espíritu. Una iglesia centrada en Cristo vive para Su gloria y el bien de Su pueblo.
Solo en Cristo hay Salvación
Hechos 4:5–12 proclama la exclusividad de la salvación en Jesucristo. Ante el Sanedrín, Pedro declara que el Cristo crucificado y resucitado es la piedra angular y que en ningún otro hay salvación. Un llamado bíblico, reformado y Cristo-céntrico a afirmar que la salvación es del Señor, para la gloria de Dios.
Una Iglesia Unida, una Iglesia que Glorifica a Dios
Hechos 2:43–47 nos muestra cómo el Espíritu Santo formó una iglesia unida, perseverante en la doctrina, la comunión y la adoración. Una reflexión bíblica y reformada sobre la unidad de la iglesia después de Pentecostés y cómo una iglesia centrada en Cristo glorifica a Dios mientras Él añade a los que han de ser salvos.
Una Iglesia… dos Señores
En mundo tan sumergido en sus vanidades y deleites, la iglesia que el Señor compro con sangre, no se puede dar el lujo de seguir a dos señores. Debemos, con la mirada puesta en la meta, seguir la carrera que tenemos por delante con Jesus como nuestro ayudador y sustentador. El mundo nos tratara de convencer con sus placeres y pasiones, pero con la mirada puesta en nuestro Señor podremos ser un verdadero cuerpo vencedor.