Cuando los tiranos caen, Dios Habla
Nota: Este articulo es escrito en colaboración con mi hermano y Pastor Pedro Pérez de la Iglesia Bautista Reformada de Murcia, España.
Introducción:
Comenzamos el año 2026 y ya vemos como sucesos alrededor del mundo sacuden comunidades, sacuden países y sacuden naciones. Continúan las guerras, enfermedades catastróficas como el sub virus de la Influenza H3N2 por el cual han muerto varios cientos de personas. Continúan los crímenes y por supuesto la corrupción de los gobiernos que tanto afecta y oprime a sus ciudadanos.
Esta conducta caída del ser humano y aun de la creación (plantas, animales, tierra, cielos, etc.) no es nada nuevo. Desde los comienzos la Escritura nos relata cual fue la artimaña que utilizo Satanás para tentar al hombre…
Genesis 3:4-5 NBLA
Y la serpiente dijo a la mujer: «Ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal».
Satanás sabía como tentar al hombre y le mostró, tal vez, cual era su anhelo personal… ser como Dios. Muy fácilmente Eva fue tentada y comió. Así también Adán desobedeció comiendo del fruto que Dios le había prohibido. Desde ese momento entró el pecado al mundo y con el pecado la desobediencia y enemistad de los hombres con su Creador… desobediencia y guerra con Dios.
Romanos 5:12 NBLA
Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.
Es por esta causa que todo hombre carga con sigo ese deseo de ser como Dios…
Soberbia, Orgullo, Prepotencia, Altivez, Arrogancia, deseo de Domino y Poder, Egocentrismo, Envidia, Contención, etc…
Dios advierte en Su Palabra sobre cada una de estas conductas que dominan, controlan y esclavizan al hombre. El nos dice que la única solución para esto es dar un giro de 180° dejando el pecado y el viejo hombre atrás y entregándonos por completo a Cristo Jesús como nuestro Señor y Redentor.
Así que, ningún hombre está exento de ser un soberbio, orgulloso y manipulador… pero aún ante una humanidad que carga con sigo esta decadencia, tenemos un Dios que sigue en Su trono, que es Soberano y que continúa en control. El NUNCA lo ha perdido y NUNCA ha estado ajeno a nada de lo que pasa en Su creación.
Nota Pastoral:
Hoy, apenas 3 días del comienzo del nuevo año 2026, nos despertamos ante otra noticia de gran impacto para el mundo entero. Hoy no estamos ante un rumor ni ante una conjetura. Lo anunciado ha sido comunicado oficialmente y ha sacudido al mundo:
“Un tirano ha sido detenido, un hombre que durante años gobernó por la fuerza, el miedo y la mentira. Y ante hechos así, el creyente no responde con morbo ni con sed de venganza, sino con temor reverente.”
Porque cuando un poderoso cae, no es el hombre el que escribe la última línea de la historia.
La Escritura lo dice sin titubeos: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado» (Gálatas 6:7).
La caída de un gobernante impío (como Nicolás Maduro) no es, en primer lugar, una victoria política. Es una proclamación teológica:
“Dios reina. Dios ve. Dios juzga.”
Los tronos edificados sobre la sangre del inocente, el hambre del pueblo y la opresión sistemática pueden sostenerse un tiempo, pero jamás para siempre. Dios no tiene prisa, pero tampoco pierde el control. Cuando Él pesa a los hombres en su balanza, ninguna propaganda puede inclinarla.
Y aún cuando Dios use instrumentos humanos (sean presidentes, gobiernos o ejércitos) el creyente no confunde el medio con la causa. No es el poder de los hombres el que decide el destino de las naciones, sino la providencia Santa del Señor de la historia (Daniel 2:21).
Pero esta palabra no es solo para los palacios… es para cada corazón.
Porque el mismo Dios que derriba dictadores confronta nuestros pequeños tronos personales, nuestros ídolos ocultos, nuestro corazón corrompido: el orgullo que gobierna sin rendir cuentas, la injusticia disfrazada de religión o la dureza de un corazón que nunca se arrepiente. La Soberbia, el Orgullo y la Arrogancia que nos lleva a pensar que “somos como Dios”
“La Escritura nunca suaviza el diagnóstico: todos somos culpables delante de un Dios Santo.”
La diferencia no está en quién pecó menos, sino en quién se quebranta ante Cristo.
Y aquí resplandece el Evangelio:
Cristo no absuelve al culpable que se endurece, pero recibe al culpable que se arrepiente…
Cristo no juzga al pecador (el ya está juzgado por la Palabra), pero redime al que se humilla…
Cristo no mira al soberbio y altivo, pero recibe al quebrantado y contrito de corazón.
La caída del impío no debe llevarnos a la burla, sino al temblor.
Porque si Dios juzga a los grandes de la tierra y también a los pequeños, al rico y al pobre, mujer y hombre. ¿Cómo escaparemos nosotros si despreciamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3).
Hoy no celebramos la ruina de un hombre. Hoy escuchamos la voz de Dios llamando al arrepentimiento, recordándonos que toda rodilla se doblará, voluntaria o forzadamente.
«Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos» (Salmo 103:19).
Dios no está ajeno, Dios no está oculto, Dios no está lejos y Dios no ha perdido el control…
Dios Reina, Dios ve y Dios Juzga.
Introducción - Hno. Angel L Colon
Reflexión pastoral | Pr. Pedro Pérez
Iglesia Bautista Reformada de Murcia