Mas Allá de la Lenguas (Idiomas)

La obra soberana del Espíritu Santo

Hechos 2:1–13

Introducción:

Pentecostés no fue principalmente un milagro de idiomas, sino una obra soberana de Dios que trasciende el lenguaje humano para alcanzar el corazón, derribar barreras y manifestar Su gloria.

Las lenguas fueron el medio visible; la transformación espiritual y el testimonio de Cristo fueron el propósito eterno.

Al estudiar el libro de Los Hechos, en especial el Cap. 2:1–13, muchos se detienen en el asombro de “oír su propio idioma.” Sin embargo, el Espíritu Santo no descendió simplemente para resolver un problema lingüístico, sino para revelar una realidad espiritual más profunda:

“Dios habla a toda la humanidad, pero Su mensaje solo puede ser comprendido cuando el Espíritu abre el oído del alma.”

Las lenguas no fueron el fin, sino la evidencia de que Dios estaba inaugurando una nueva era:

Una era donde Su pueblo no estaría limitado por fronteras culturales.

• Una era donde el evangelio no dependería del ingenio humano, sino del poder divino, el poder del Espiritu Santo.

• Una era donde el mensaje no sería adaptado al oyente ni por el oyente, sino que el oyente sería confrontado por la verdad de Dios.

Con mucha regularidad, tomamos el El día de Pentecostés y lo convertimos en algo místico que solo algunos pueden alcanzar. Pero, lo que ocurrió en este dia, no puede ser reducido a una manifestación carismática ni a un fenómeno lingüístico extraordinario. Desde una perspectiva reformada, Hechos 2 nos confronta con una verdad fundamental: la salvación, la revelación y la misión de la Iglesia son obras exclusivas de la gracia soberana de Dios.

“Las lenguas fueron la señal externa; la obra interna del Espíritu Santo fue el verdadero milagro.”

Pentecostés es la proclamación visible de que Dios actúa conforme a Su decreto eterno, no según la iniciativa o capacidad humana.

1. El Espíritu Santo desciende según el tiempo determinado por Dios

“Cuando llegó el día de Pentecostés…” (v.1)

Nada ocurre de forma accidental. En el plan de Dios, TODO esta perfectamente alineado para que ocurra cuando tiene que ocurrir. Este evento, en este dia… NO fue la excepción. El Espíritu no descendió cuando los discípulos lo provocaron, ni como respuesta a una técnica espiritual, ni como respuesta a una oración forzada tratando de mover la mano de Dios… sino en el tiempo exacto, en el momento preciso establecido por la voluntad soberana del Padre.

Este momento había sido prometido por Cristo (Hechos 1:5) y determinado desde la eternidad.

Desde la teología reformada afirmamos que:

El Espíritu obra cuando quiere, como quiere, donde quiere y a quien quiere.

• La gracia no es manipulable, negociable ni dependiente del fervor humano (no merecemos sino la ira de Dios)

En Los Cánones de Dort – Capítulo I, Artículo 7, leemos…

“La elección es el propósito inmutable de Dios, por el cual, antes de la fundación del mundo, Él ha escogido en Cristo para salvación a un número determinado de personas…”

El Espíritu no descendió de manera indiscriminada o caótica, sino como parte del plan redentor definido del Padre, adquirido por el Hijo y aplicado eficazmente por el Espíritu.

La obra del Espíritu Santo no es resultado de nuestra expectativa, sino del propósito soberano de Dios. Esto produce humildad, reverencia y dependencia absoluta.

2. Las lenguas como señal redentora, no como fin en sí mismas

“Cada uno les oía hablar en su propia lengua…” (v.6)

Las lenguas no fueron un espectáculo, sino una señal teológica. Esto NO era caos, esto NO era desorden, esto NO era exclusivo de los santos y puros. Dios estaba revirtiendo, en Cristo, la dispersión de Babel (Génesis 11), mostrando que la redención reúne lo que el pecado dispersó.

Las lenguas sirvieron como instrumento revelacional, pero no produjeron fe por sí mismas. Esto es crucial desde una perspectiva reformada: los medios externos no regeneran. No existe ningún tipo de milagro que pueda convertir al hombre de su vida de pecado, que NO sea el nuevo nacimiento, y este es dado por Dios mediante el el poder del Espiritu Santo.

Desde una visión reformada:

• El Espíritu no crea una experiencia mística aislada, sino que avanza el plan redentor de Dios.

• El contenido del mensaje fue claro: “las maravillas de Dios” (v.11), no la exaltación del mensajero.

El Espíritu siempre glorifica a Dios, nunca al hombre (Soli Deo Gloria). Donde la atención se desplaza del mensaje de Cristo hacia la experiencia, la obra del Espíritu ha sido mal entendida… NUNCA se trata o se tratara de la experiencia mística humana, se trata de la Gloria a Dios.

En Los Canones de Dort Leemos: Capítulo III/IV, Artículo 6

“Lo que ni la luz de la naturaleza ni la ley pueden hacer, Dios lo realiza por el poder del Espíritu Santo…”

3. La Comprensión Espiritual es un Acto Soberano de Gracia

“Estaban todos atónitos… mas otros, burlándose…” (v.12–13)

Aquí encontramos una de las afirmaciones más claras de la doctrina de la depravación humana. Todos oyeron el mismo mensaje; no todos respondieron de la misma manera. Esta es una verdad incómoda pero bíblica: la misma revelación produce respuestas opuestas. Esto confirma que la fe no depende de la claridad del mensaje, sino de la obra eficaz del Espíritu.

El mensaje se tiene que predicar como ya Dios lo ha revelado, explicado y centrado en Cristo. Pero esto NO dice que solo un apóstol, evangelista, pastor, un Dr en teología o un erudito de la Escritura pueden llevar un mensaje tan claro y contundente que alguien pueda venir al arrepentimiento.

Todo lo contrario; “esto es una obra de Dios por medio de Su Espiritu Santo y solo para Su gloria”

Esto demuestra que:

• El milagro no fue solo oír, sino entender con fe.

• Sin la obra regeneradora del Espíritu, el corazón humano permanece ciego, aun frente a lo sobrenatural.

“La fe no nace del asombro, sino del nuevo nacimiento. Solo el Espíritu concede oídos para oír y un corazón para creer (Juan 3:5–8).”

Cánones de Dort – Capítulo III/IV, Artículo 11

“Dios realiza Su buena voluntad en los elegidos… infundiendo nuevas cualidades en la voluntad… haciendo viva la que estaba muerta.”

Y de forma aún más clara:

Artículo 12

“Esta regeneración… es una obra totalmente sobrenatural, poderosa y al mismo tiempo suave y admirable…”

4. Pentecostés inaugura una misión centrada en la Palabra

Las lenguas prepararon el escenario para algo mayor: la predicación del evangelio (Hechos 2:14 en adelante).

El Espíritu no descendió para reemplazar la Palabra, sino para darle poder eficaz. El hecho de que algunos oyeran “las maravillas de Dios” con entendimiento salvador apunta directamente a la doctrina de la gracia eficaz. No puede existir otra explicación que no sea la obra sobrenatural y misteriosa de nuestro Dios obrando en la vida de los ciegos.

Desde la teología reformada afirmamos:

• El Espíritu y la Palabra nunca compiten; operan inseparablemente.

• El Espíritu aplica la redención que Cristo aseguró en la cruz, garantía de nuestra justificación.

“Toda verdadera obra del Espíritu produce hambre por la Escritura, convicción de pecado y exaltación de Cristo, no dependencia de emociones pasajeras.”

Conclusión:

Pentecostés nos recuerda que la Iglesia no vive de manifestaciones, emociones, misticismo o espectáculos… sino de gracia soberana.

Más allá de las lenguas, el libro de Los Hechos, y en especifico el evento sobrenatural de Pentecostés, Dios estaba revelando que:

• Él es quien llama.

• Él es quien capacita.

• Él es quien salva.

• Y solo Él recibe la gloria.

Esto es un hueso muy duro de roer. Como yo en un tiempo, muchos pensamos que nuestra salvación estaba basada en una “oración de fe” o “una oración salvifica”. Pensábamos que si respondíamos al llamado y “pasábamos al altar” allí encontraríamos la salvación. Pero esto NO es lo que la Escritura nos enseña. La salvación es del Señor y lo UNICO que nostros podemos hacer es responder en arrepentimiento y fe…

  • Fe en Jesús, quien sufrió…

  • Fe en Jesús, quien murió…

  • Fe en Jesús, quien resucito…

  • y Fe en Jesús quien ascendió y por Su obra nos redimió, justifico y santifico.

“El Espíritu Santo no vino para entretener a la Iglesia, sino para formarla, santificarla y enviarla como testigo fiel del Cristo crucificado y resucitado.”

“No por fuerza ni por poder, sino por mi Espíritu, dice el Señor” (Zacarías 4:6)

Coram Deo, En la Presencia del Señor

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